He trabajado de todo y todo ha aportado a mi manera de entender la profesión: desde hacer artes finales para un millón de medios diferentes, hasta trabajar en talleres de co-creación con directivos de grandes bancos, la parte que más disfruto es la de hablar con personas.

 

Estudié diseño gráfico y comunicación en el siglo pasado, con el objetivo claro de dedicarme al diseño editorial y no a la publicidad. Cuando estaba terminando la carrera, llegó internet a Argentina y me voló la cabeza: para mí era como diseño editorial supervitaminado.

 

¿Cuál crees que es el mayor de los retos de las mujeres dentro del diseño?

Creo que hay varios, algunos externos (que nos den el espacio, que se eviten los prejuicios) y otros internos, como pedir más por nuestro trabajo (que claro, no es tan fácil si tenemos en cuenta lo que yo llamo “la pobreza arrastrada de las mujeres”). Lo curioso es que seguimos siendo el 75% de la comunidad cuando vemos a las mujeres más jóvenes en entornos educativos y sin embargo, en visibilidad en eventos multitudinarios, sigue habiendo que reclamar contra los “all male panels”. También creo que es un reto y nos toca, seguir luchando no solo por nosotras, sino hacernos eco y hueco para otros colectivos eternamente discriminados. Al menos así lo veo yo, que no dejo de ser una mujer blanca con todos los privilegios que eso conlleva. Somos mayoría de la población y sin embargo se siguen diseñando cosas que no nos han tenido en cuenta. Para mí es importante que no cometamos el mismo error, y como mujeres y diseñadoras hagamos de la inclusión nuestra bandera

 

De todo lo que has hecho laboralmente ¿qué trabajos consideras más representativos?

Me cuesta elegir porque en todos ellos he aprendido muchísimo y ya sabemos que muchas veces los resultados finales no representan el proceso, las horas, las posibilidades que se valoraron. Quizás diría que los proyecto que creo que me representan mejor son aquellos en los que todavía tengo una relación preciosa con mis clientes, muchos convertidos ya en amigos, o con mis ex-compañeros y compañeras de trabajo, porque para mí, en parte, diseñar también es construir esas relaciones de confianza.

¿Compartirías con nosotras el que consideras el mayor acierto de tu carrera profesional?

¿Hasta ahora? Tres: Primero haber entendido que esto no iba de ser la más creativa sino de entender problemas, detectar oportunidades y acercarme tanto al mejor resultado como fuera posible aunque muchas veces no fuera “el más bonito”. La segunda es la lucha por tener una vida fuera del diseño, me parece clave. Y la tercera es haber llegado a La Nave Nodriza como estudiante.

 

¿Y un tropiezo del que aprendiste mucho?

Era bastante joven y una vez puse una foto del horizonte de Seattle para unas piezas de promoción de CSI Nueva York en Telecinco. Casi me muero, pensando que me iba a tocar pagar la reimpresión y esas cosas. Se lo dije a mi jefe (yo soy muy de confesar la verdad y los fallos todo el rato) y él me dijo que no diríamos nada. Nadie se dió cuenta y no hubo consecuencias. Aprendí dos cosas: ojo con las búsquedas en internet y A NADIE LE IMPORTA TANTO LO QUE HACES (ojo, eso no quita que siga creyendo en hacer el trabajo bien aunque nadie esté mirando).

 

¿Cuál crees que debería ser el salario justo para el trabajo que desarrollas?

Para empezar uno que sea igual o mayor que el que cobra un hombre por el mismo trabajo (porque la data que he recogido con los años me dice que nosotras por regla general solemos trabajar más). Por otro lado, me gustaría contar la anécdota de mi colaboración con una organización feminista de Bilbao, el Café para Madres. Me pidieron una colaboración para un cartel que usarían en un montón de sitios y me dijeron qué presupuesto tenían, que por supuesto era muy poco, pero yo quería hacer el proyecto y les ofrecí hacerlo gratis. Una de ellas, Silvia me dijo que gratis no, porque ella quería poder seguir pidiéndome favores y me propuso pagarme en “especies”. Le dije que vale, que me regalara un libro sobre feminismo (yo en esa época era de “ni machismo ni feminismo, igualdá”. Fue genial porque ella y su compañera trabajaban para una pequeña red de librerías y me mandaron una caja con 5 libros. Ahí fue cuando Silvia me dijo: hazte una whislist de Amazon y siempre, siempre, ofrece a la gente a la que haces favores “pagarte” con algo, lo que puedan (tengo mil cosas de mil precios diferentes, y siempre sugiero que usen la refencia y lo compren en otro sitio, jajaja). Es sorprendente, pero nunca nadie me ha pagado “de menos”. Y sigo haciendo favores encantada de la vida y mi biblioteca, mi colección de rotus o de elementos de costura, sigue creciendo.

 

En perspectiva ¿qué conocimiento y/o habilidad relacionada directamente con tu profesión crees que te hubiera resultado más útil aprender antes? ¿Y de las que son más transversales? Como por ejemplo temas administrativos, legales…

Sin duda me hubiera venido bien tener clases de negociación. Terminé aprendiendo pero el proceso fue muy largo y todavía me queda mucho por mejorar. Y hacer presupuestos, poner precio a tu trabajo, ese tipo de cosas creo que son clave y yo intento compartir mi conocimiento tanto como puedo, aunque me temo que siempre me quedo corta. Esa es otra cosa que más que aprender, deberíamos compartir los métodos para presupuestar.
También me hubiera gustado llegar antes al feminismo y a veces pienso que qué útil sería haber tenido educación para la diversidad, y no solo historia del diseño con referencias como la Bauhaus donde las mujeres hacían cosas alucinantes pero en las “artes menores”, o la escuela de ULM que entre sus fundadores cuenta con una escritora alemana y antinazi, Inge Aicher-Scholl, a la que nunca se nombra o se nombra como la esposa de Otl Aicher… Diseño latinoamericano, diseño africano, usabilidad en países asiáticos. Ya me entusiasmo con solo pensar todo lo que me gustaría saber y que hubiera en los planes de estudio de las escuelas de diseño…

Algo que siempre se debe incluir en un portfolio y algo que evitarías.

Una descripción de las claves del proceso de diseño. Poner sólo imágenes bonitas no dice nada y así nos han colado truchos durante décadas. Y amplío mi consejo anterior, busca datos sobre tus proyectos. Cosas que ayuden a contar el impacto. Siempre siempre, hay números asociados: comentarios positivos recibidos, cantidad de unidades vendidas, impacto en otros puntos del proceso en forma de tiempo, dinero, personas involucradas, cuántas personas se apuntaron a algo o cambiaron hábitos o se quejaron, cuánto ahorro significó en la producción tu diseño con respecto a versiones anteriores. Eso ayuda mucho a poner en valor el diseño. Y pon cosas fallidas también. Proyectos que no salieron, que quedaron a medias, que no se aprobaron. Cagadas y lo que aprendiste.
Y lo que yo evitaría siempre es mentir, no poner truchos ni poner trabajos de estudiante como si fueran proyectos reales. Mejor decir la verdad. Y por supuesto, dar crédito cuando corresponda.

 

¿Qué consejo le darías a una mujer que está empezando?

Pregunta y pregunta sobre todo a otras mujeres. Hazte de una red. Si solo ves hombres en los paneles de las charlas y los congresos, duda de esos hombres, jajaja. No van a ayudarte.

 

Y para terminar, ¿nos recuerdas alguna frase o actitud “de señoro” con la que te hayas encontrado durante tu carrera profesional y se te haya quedado grabada?

Miles pero ¿sabes qué? Me niego a responder esta pregunta con anécdotas que serán iguales a miles que habéis vivido u oído. Prefiero contaros mejor las actitudes de mujeres como Isa, que es mi jefa y sugirió que esté aquí hoy, o Miriam, que es una data scientist que trabajó conmigo y me recomendó para trabajar con Naciones Unidas, o Teba que fue una abogada jovencísima, prima de una amiga, que me acompañó cuando me despidieron de una empresa en un lamentable pero muy común caso de acoso sexual, o Bea, Elena, Inés, que son alumnas (solo 3 de las muchas) que ahora me consideran amiga. Lola que además de ser una referente, me deja ser tía postiza de su hija. Eva y el lenguaje inclusivo. Lorena, Ana, Carmen, Ángela, Laura, Juliana, Georgina. Todas mujeres con las que hablo, consulto, lloro las penas. Me parece que me ayudan tanto que prefiero poner el foco ahí. 

Y puedo nombrar hombres también: mi hermano que se levantaba a las 2AM para lavar los platos que me tocaban a mí y me ponía un café sin preguntar cuando estaba haciendo el trabajo final de carrera. Fer, que me explicó la lucha hermanada de mujeres y el colectivo LGTBQI, Deivid, mi co-coordi que se dio cuenta de que me estaba dejando mucha carga mental, lo dijo y cambió eso, Matti, un ex-compañero de trabajo que no hablaba nunca, pero habló un día que interrumpían mucho a una compañera, para mandar a callar el susodicho. E Ignacio, mi junior, un chaval jovencísimo del que he aprendido tanto como espero haberle transmitido. Si es que las generaciones más jóvenes traen otra mirada, otra sensibilidad y me hace mucha ilusión la de cambios que he visto y los que veo venir